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sábado, 20 de noviembre de 2010

Aparta y échate a un lado, querido Sancho, que la mierda empuja.

Oh, querido Sancho, con el cuento de la crisis se nos ha vuelto del revés el alma
y me siento, como tú un pobre hombre sin ilusión alguna,
viendo como un escuadrón de falsos Quijotes abducidos por la visión de mil fantasmas capitaneados por los jinetes del Apocalipsis,
abanderan la insolaridad y la intolerancia
abrazando el credo del sálvese quien pueda
y buscando como posesos el santo grial del ande yo caliente.

Así es y en éstas estamos, fiel escudero.
Hoy en día, surgen por doquier Resucitapelayos que se creen aún en la Reconquista,
y van como Sepulcros blanqueados sacando pecho cuando hablan de imperios donde nunca se ponía el sol
mientras ponen el grito en el cielo si ven por sus calles pasear a algunos de sus ex-súbditos.
Sí, esos que balbucean que con el otro se vivía mejor cuando con ellos no hay quien viva.
Gentes que se ensañan ahora con aquellos que antes eran bien vistos y envidiados como si su pena fuera a desaparecer con ello.
Gentes que sabiendo quién es el culpable de su desgracia miran para otro lado buscando que pague el pato cono siempre el más débil.
Gentes que si tuvierán corazón ya no serían lo que son: gentuza sino personas.
Como te iba diciendo, amigo, y yendo al grano que ya me iba por otros derroteros
Aparta y échate a un lado, que la mierda empuja.

martes, 9 de noviembre de 2010

Si don Quijote levantara la cabeza

Si D.Quijote levantara la cabeza de nuevo, no vería molinos sino bancos y no arremetería contra gigantes sino contra especuladores.

Así es, querido Sancho, ora es de reescribir la historia con nuevas hazañas que nos lleven a lomos cabalgando hacia el sitio, que por derecho propio, nos corresponde en la inmortal memoria de los hombres.

Piensa, amigo, que no se forja el destino sin lucha. Camarada soy del pueblo esclavizado por las hordas del poder y del dinero.
Y en este empeño, que es mi vida, estoy dispuesto a dejarme hasta la última gota de mi sangre.

Juntos haremos historia. Yo en mi ciega y loca lucha. Y tú, a mi lado, enjugando el sudor de mis peleas y enderezando el rumbo de mis desvaríos.

Y pongo a Dios como testigo, que no cederá mi empeño por liberar al oprimido de las afiladas garras de los magos negros. Sicarios del Gran Capital y Especuladores de la Gran logia del genio Mambrinus.

Y si es preciso, abatiré con mis propias manos, las altas torres donde se esconden sus oscuras legiones de masones conspirando sin el beneplácito de las buenas gentes y asumiendo, por ellos, su destino.

Ora es que caigan, los que izados por sus mentiras, aupamos; para luego ignorarnos con desprecio y dejarnos abandonados a nuestra ruina.

Querido, Sancho, si tú vieras como yo en donde estamos, dejarías de pedirme pan y circo y lucharías, sin dudarlo, a mi lado.